Pasta base, un problema sin solucionar

La denuncias van creciendo y vemos segun los articulos que leemos que no estamos preparados para atender los casos de los consumidores de pasta base, una realidad que nos toca de cerca a todos y que todavia no hemos podido encontrar una solución.

Los que trabajan directamente con adictos a la pasta base denuncian que viven una situación de inseguridad cada vez mayor. Enfermeros, psiquiatras y policías cuentan cuál es la realidad actual de Salud Pública y la Policía. Además, muestran la posición de los funcionarios que se enfrentan a un nuevo fenómeno carentes de formación, información y de los medios adecuados para tratar a ese tipo de adictos.

Los policías aseguran que el nivel de violencia que se vive en las calles de Montevideo es diez veces mayor desde que explotó el fenómeno de la pasta base. Por otro lado, Salud Pública no da a basto para rehabilitar a los adictos.

La peor situación es la que le toca vivir al Hospital Vilardebó, la demanda de asistencia allí es tan grande que las 300 camas del hospital psiquiátrico no alcanzan. No es raro que algunos pacientes terminen durmiendo en el piso.

Los funcionarios del Vilardebó aseguran que no están preparados para atender cuadros de adicción a la pasta base, y que viven con el miedo permanente de resultar heridos mientras desempeñan sus tareas.la emergencia del Vilardebó, asegura que el hospital está desbordado a causa de la pasta base.
Eso hace que no den a basto para atender a todos los pacientes psiquiátricos que necesitan atención.Son pacientes que llegan a la emergencia del Vilardebó porque ya presentan cuadros psiquiátricos, inducidos por la pasta base. Cuadros psicóticos, maníacos, de ansiedad o de exhaltación del humor que se tornan inmanejables. Incluso se ven depresiones severas con intentos de suicidio.
Lo máximo que pueden hacer es internar a los adictos durante 48 horas y derivarlos a la policlínica del Hospital Maciel. Zurmendi denomina a esto “el problema de la puerta giratoria”:
“El paciente viene, en el hospital es compensado, y vuelve al medio. Si en el medio no hay quien lo reciba y pueda seguir ahí un tratamiento, es muy común que vuelvan a consumir y vuelve a repetirse la misma situación.
Alicia Da Silva, representante gremial de los funcionarios del Vilardebó, cuenta que, en ese sentido, se logró llegar a un acuerdo con las autoridades: “El mes pasado cuando llegamos a 48 (pacientes) tuvimos una entrevista con la Suprema Corte de Justicia, el Ministerio del Interior, la gente de Cárceles y llegamos a la conclusión de que realmente tenemos que tener un hospital penitenciario.

Ya estaría el lugar decidido, sería el ex Musto. En una parte que tiene toda la estructura pronta, pero habría que terminar de hacerlo”.También señalan que hay graves carencias en cuanto a la seguridad. En la sala 11, aunque es para presos, la seguridad no está en manos de la policía sino de una empresa privada.
Los funcionarios sostienen que a los vigilantes les pagan menos de diez pesos la hora y que eso lleva a que el servicio sea absolutamente deficiente. Se sienten desprotegidos y piden que la seguridad de esa sala quede en la órbita del Ministerio del Interior.

También hay denuncias a nivel de la Policía, ellos sostienen que los delincuentes adictos a la pasta base son diez veces más agresivos que los delincuentes comunes. De hecho, los policías de Radio Patrulla, que trabajan en la calle, dicen que todos los días se detecta algún caso nuevo de violencia hacia un oficial protagonizado por adictos a la pasta base. La cifra es alarmante, actualmente el 90 por ciento de los jóvenes que arresta la Policía son consumidores.
Otilio Ferreyra hace 16 años que es policía, y diez que patrulla las calles, sostiene que la inseguridad es cada vez mayor, y que en muchos casos, no saben cómo tratar a estos jóvenes que son inmanejables. “Ya de por sí los torna diez veces más agresivos. Fíjate desde que punto que por el nuevo Código del Niño a los menores los tenemos que llevar a asistir, y no reconocen ni a los médicos, ni a los enfermeros, ya no reconocen autoridad ninguna”.

Son jóvenes, personas que están totalmente abandonadas y que pueden llegar a tener cualquier tipo de enfermedad, y vos vivís con el temor de llevarlas a tu casa. La mayoría de ellos son portadores de VIH. Ponete en el lugar nuestro, vos tenés familia, esposa, hijos y tenés posibilidad de contagiarte de cualquier cosa. Es tremendo lo que esta pasando en la calle.
Todos los entrevistados dejan en claro que no hay que estigmatizar al adicto, y que el problema pasa por articular políticas entre los distintos actores involucrados. Desde la policía a los psicólogos, todos dicen lo mismo. Y agregan que hay que terminar de adaptarse a esta nueva realidad que ya no se va a ir.

Escrito por María
http://www.antiadiccion.com/

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